La nevera que necesita wifi para abrirse: la IA en los electrodomésticos del CES 2026

Cada enero, el CES trae una nueva hornada de neveras y lavadoras «con inteligencia artificial». Repasamos qué prometen frente a lo que de verdad hacen, y por qué los propios expertos en reparación las han votado lo peor de la feria.

Cada enero pasa lo mismo. Se apagan las luces de Las Vegas y llega la avalancha de titulares sobre el CES, la feria de electrónica de consumo más grande del planeta. Y cada enero, entre los coches voladores que nunca llegan y las pantallas que se doblan por sexta vez, hay un protagonista fijo: el electrodoméstico de toda la vida, ahora «con inteligencia artificial».

En 2026 le ha tocado a la nevera y a la lavadora. Otra vez.

La promesa: la cocina que por fin te entiende

Samsung llegó a Las Vegas con su Bespoke AI Family Hub, una nevera con Google Gemini integrado. El aparato te resume la agenda del día, te sugiere recetas con lo que hay dentro y, si le hablas, te contesta. LG no se quedó atrás: presentó una nevera SIGNATURE con IA conversacional basada en un modelo de lenguaje, pantalla de 6,8 pulgadas y una función que anticipa cambios de temperatura según tus hábitos.

La lavadora tampoco se libra. El nuevo combo de Samsung lava y seca sin que nadie tenga que pasar la ropa de un tambor a otro, y presume de «AI Wash+», que ajusta agua y detergente según el peso y el tipo de tejido. Suena bien en la nota de prensa. Todo suena bien en la nota de prensa.

Cocina moderna minimalista con electrodomésticos integrados
La cocina del futuro, según los folletos de CES, ya no tiene botones. Tiene conversaciones.

El palmarés que nadie quiere ganar

Aquí viene la parte incómoda. La misma nevera de Samsung que se llevó un premio a la innovación en el propio CES se llevó también, días después, dos premios distintos: el de peor reparabilidad y el de peor producto de toda la feria.

¿Quién reparte esos premios? No es un chiste de internet. Los jurados son iFixit, la Digital Right to Repair Coalition y Consumer Reports. Gente que se dedica, literalmente, a comprobar si un aparato se puede abrir con un destornillador y arreglar. Y lo que vieron no les gustó: una nevera sin tiradores físicos que solo se abre por voz, con pantallas y compresores como nuevos puntos de fallo, y que deja de abrirse si se corta la conexión a internet.

Kyle Wiens, de iFixit, lo resumió sin rodeos: no hace falta interferir en el uso de un aparato que ya funcionaba bien. Dicho de otro modo: le han puesto un asistente de voz a la puerta de la nevera y el resultado es una puerta que, si el wifi se cae, se convierte en pared.

Cuando la cámara confunde una tirita con una verdura

Puesta al margen la ceremonia de premios, ¿funciona al menos lo que promete? A medias. La función estrella de las neveras Samsung es una cámara interior, «AI Vision Inside», que reconoce lo que metes y sacas para llevarte un inventario automático. En su versión más reciente identifica más de 2.000 productos, combinando reconocimiento local con la nube.

Pero tiene agujeros. La cámara no ve dentro de los compartimentos de la puerta ni del congelador. Y lo que no reconoce, simplemente lo etiqueta como «desconocido». El reconocimiento automático de productos envasados genéricos —esa lata sin marca, ese táper reutilizado— sigue siendo, en palabras de quienes lo han probado, «una función en desarrollo». Traducido: funciona mejor en la demo, con productos de marca bien colocados, que en una nevera real después de la compra semanal.

Persona con delantal mirando confundida una receta en la cocina
La cara que se te queda cuando la receta que te ha sugerido la nevera está pensada para ingredientes que no tienes.

Aquí sí hay un hueco honesto para la tecnología sencilla. Un termómetro digital de nevera no aprende nada, no falla por falta de wifi, y te dice con precisión si esa zona del frigorífico está a la temperatura que debería. Nada de inventario automático: solo un número fiable.

El cortapelos, el marco digital y el microondas que «razona»

La nevera y la lavadora son los ejemplos con más presupuesto de márketing. No los únicos. Un cortapelos llamado Glyde ajusta el corte con IA, pero necesita una máscara especial acoplada para hacerlo. Un marco digital, el Fraimic, genera imágenes por IA para colgar en la pared por más de 300 euros. Y un microondas, el Wan AIChef, ofrece recetas guiadas por inteligencia artificial para, básicamente, calentar comida.

Xataka lo tituló mejor de lo que podríamos hacerlo aquí: primero fue el bluetooth, ahora es la IA. No hace falta ponérsela a todo. Un microondas que razona sigue siendo, al final del día, una caja que calienta. Con más pasos para llegar al mismo sitio.

Lavadora blanca moderna en un lavadero limpio con toallas encima
Esta lavadora no necesita hablar contigo. Y ese, a veces, es el mejor argumento de venta.

Lo que la gente compraría de verdad

¿Y si el problema no son los ingenieros, sino el orden de prioridades? Una encuesta de CNET realizada por YouGov entre más de dos mil propietarios de smartphone encontró que la mitad no está dispuesta a pagar ni un euro más por funciones de inteligencia artificial. Y la cifra sube: en 2024 era el 45 %.

Es una encuesta sobre móviles, no sobre neveras. Pero la actitud de fondo se parece: la gente quiere que las cosas funcionen, no que le den conversación. Fiabilidad antes que inteligencia. Es la misma conclusión a la que llega buena parte de la cobertura sobre domótica de este año: lo que de verdad frena la adopción de la «casa inteligente» no es la falta de sensores, es el exceso de aplicaciones y la falta de compatibilidad entre marcas.

Ahí es donde el cacharro sin pretensiones vuelve a ganar. Una báscula de cocina digital no te sugiere recetas ni te resume la agenda. Pesa gramos. Lo hace bien, cuesta poco y no deja de funcionar si un servidor en otro continente tiene un mal día.

El matiz que falta en la nota de prensa

Que quede claro: no todo lo que sale de un laboratorio de electrodomésticos es humo. Un sensor que detecta una fuga de agua antes de que se convierta en un desastre es útil de verdad. Un compresor que ajusta el consumo según el uso real ahorra electricidad sin que nadie tenga que aprender nada nuevo. La diferencia está en si la función resuelve un problema que tenías o si inventa uno nuevo para justificar el precio.

El problema de esta hornada de CES no es la inteligencia artificial en sí. Es ponérsela a todo, cobrar más por ella y confiar en que nadie note que, sin conexión a internet, la nevera es una caja fría con muy mal humor.

Un cierre sin checklist

La próxima vez que veas un anuncio de electrodoméstico «con IA», prueba a hacerte una pregunta sencilla: ¿esto resuelve algo que de verdad me molestaba, o solo me da algo nuevo de lo que hablar en la cena? Los jueces de iFixit y Consumer Reports ya han votado. Puede que valga la pena escucharlos antes que a la nota de prensa.

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