Le he pedido a la IA que me arregle la persiana: dónde acierta y dónde te la juega

ChatGPT identifica de un vistazo la pieza rota de una cisterna, pero falla más del 60% de las veces en preguntas del código eléctrico. Dónde el chatbot manitas ayuda de verdad y dónde el margen de error deja de ser una anécdota.

Le has hecho una foto al mecanismo roto de la persiana y se la has mandado a un chatbot. O al grifo que gotea, o al enchufe que huele raro. Es la nueva forma de pedir una segunda opinión antes de llamar a alguien: gratis, a cualquier hora, sin esperar a que el fontanero tenga hueco esta semana. La promesa es tentadora — un manitas de bolsillo que identifica la pieza, explica qué hacer y te ahorra la visita. La pregunta de verdad no es si funciona. Es hasta dónde llega, y en qué momento exacto conviene dejar de escuchar a la IA y buscar a alguien con carnet.

Cuando funciona: identificar y explicar

Hay un caso que se hizo bastante viral en 2024. Un profesor español, Carlos Fenollosa, le mandó a ChatGPT una foto del mecanismo interior de su cisterna. Señaló la pieza que le daba problemas, sin más contexto. La IA identificó correctamente que era el regulador del nivel de agua. Explicó que apretarlo reduce el caudal que entra en la cisterna, y que aflojarlo hace lo contrario.

Nada del otro mundo, en realidad. Es lo mismo que te diría un vecino manitas mirando por encima del hombro. Pero si no tienes ese vecino, tener a alguien —o algo— que ponga nombre a la pieza ya es la mitad del problema resuelto. La otra mitad sigue siendo tuya. La llave inglesa la sigues girando tú, con tu propia mano, y con tu propio riesgo de barrer los nudillos contra la loza.

Cisterna de inodoro moderna con botón de doble descarga
Identificar una pieza por foto es de lo que mejor se le da a un chatbot.

Dos hermanas británicas llevaron la idea bastante más lejos. Compraron su primer piso entre las dos y lo reformaron enteras ellas solas. Se apoyaron en YouTube, en TikTok y en ChatGPT para todo lo que no sabían hacer. Se ahorraron algo más de 10.000 dólares frente a pagar a profesionales por todo el trabajo. Su truco, según contaban, era sencillo: si no podían preguntarle a una persona, se lo preguntaban a ChatGPT. Cosas como cuánto tiempo hay que dejar curar la madera antes de pintarla, nada que vaya a incendiar el edificio si sale mal.

Donde se cae la promesa: nada de electricidad

¿Y si lo que falla es el cuadro eléctrico, no la cisterna? Ahí cambia todo. Dakota Prep, una academia que prepara a electricistas estadounidenses para su examen oficial, quiso comprobar cuánto sabía realmente ChatGPT de su materia. Le hizo 100 preguntas del código eléctrico nacional, el reglamento que dice cómo debe quedar hecha una instalación para que no acabe en incendio. Falló más del 60% de las veces. La propia academia lo resumió sin adornos: prepararse el examen con esa herramienta es la vía rápida para suspenderlo.

No es un caso aislado ni una anécdota de laboratorio. Un inspector eléctrico de Nueva York, con años revisando instalaciones reales, escribió que llevaba tiempo topándose con respuestas de IA coladas en obras de verdad. Su conclusión, textual: con frecuencia son «incorrectas o peligrosamente incompletas». El mismo artículo documenta instalaciones que hubo que rehacer, parcial o totalmente, porque algún instalador se fió de una interpretación del código sacada de un chatbot. Uno de ellos incluso defendió su trabajo delante del inspector antes de reconocer de dónde había sacado el criterio.

Cuadro eléctrico doméstico con cableado organizado por colores
Aquí el margen de error se mide en cortocircuitos, no en tornillos mal puestos.

Ahí está el problema de fondo, resumido en una frase: la cisterna, si te equivocas, gotea un poco más; un cable mal interpretado no perdona igual. Endesa lo dice sin rodeos al hablar de instalaciones domésticas defectuosas. El riesgo real es incendio, electrocución o daño en los propios equipos. Ese es el techo que tiene cualquier consejo gratuito sobre electricidad, venga de una IA o de un cuñado con mucha confianza y pocas certezas.

Antes de tocar cualquier cable, hay un paso que ni el chatbot más seguro de sí mismo puede hacer por ti: comprobar si ese cable sigue con corriente.

El matiz: depende de lo que arriesgues si te equivocas

¿Entonces la IA no sirve para nada en casa? No es eso, ni de lejos. Sirve, y bastante, cuando lo que está en juego si te equivocas es un tornillo mal puesto o media hora perdida. Identificar una pieza, entender qué hace un mecanismo, planificar el orden de una reforma, elegir qué herramienta comprar antes de ir a la tienda: ahí el chatbot funciona razonablemente bien como punto de partida. Siempre que luego contrastes con algo más que su propia seguridad al hablar.

Juego de destornilladores de precisión en su estuche
Para lo reversible, unas buenas herramientas pesan más que cualquier consejo.

El corte no está en la dificultad de la tarea. Está en la reversibilidad del error. Una persiana atascada, un mueble mal montado, una pared que no queda perfectamente lisa: se arregla, se repite, no mata a nadie. Electricidad, gas, cualquier cosa que sujete peso de forma estructural: ahí el margen real de error es mucho más pequeño que el margen de confianza que transmite una respuesta bien redactada.

Y una respuesta de chatbot siempre suena segura de sí misma. Acierte o no. Esa es, quizá, la trampa más silenciosa de todas: no distingue entre lo que sabe de verdad y lo que está rellenando con estilo.

Para lo primero —lo reversible, lo mecánico, lo que se puede desmontar y volver a montar sin drama— sí merece la pena tener a mano herramientas de precisión, del tipo que ayuda a ver bien un mecanismo pequeño antes de decidir si de verdad hace falta cambiar una pieza o basta con un ajuste.

La pregunta que importa

Dicho de otro modo: básicamente le has añadido a tu caja de herramientas un ayudante que nunca dice «no lo sé». El trabajo de decidir cuándo esa seguridad es información y cuándo es solo estilo de redacción sigue siendo tuyo, no suyo. La persiana probablemente sobrevive a que te equivoques con ella. El cuadro eléctrico, no tanto.

La pregunta que merece la pena hacerse antes de seguir cualquier consejo, venga de donde venga, no es si suena convincente. Es qué pasa exactamente si resulta que se ha equivocado. Si la respuesta es «nada grave», adelante. Si la respuesta empieza por «un cortocircuito» o «una fuga de gas», esa consulta gratuita te acaba de decir, sin querer, que la siguiente llamada tiene que ser a un profesional de verdad.

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